Henri Rousseau, llamado el Aduanero (1844-1910)

La Encantadora de serpientes

1907

Rousseau, pintor autodidacta y tardío, viajó muy poco. La mayoría de sus selvas fueron realizadas en el museo de Historia natural y en el gran invernadero del Jardín de las Plantas. Al igual que Roussel en sus Impresiones de África, Rousseau alimenta sus sueños de exotismo en París.

Entre sus más fervientes admiradores, encontramos a Alfred Jarry, André Breton, Guillaume Apollinaire, Robert Delaunay, cuya madre encargó este lienzo, o también Pablo Picasso. A este último, Rousseau dijo un día: "En el fondo, usted hace en el estilo egipcio lo que yo en el moderno". Esta observación es indudablemente sorprendente e, incluso, divertida. Sin embargo, todo en la Encantadora de serpientes es nuevo. En primer lugar, el tema: una Eva negra, en un inquietante Edén, encantadora de una serpiente tan espantosa como era seductora la del Génesis. Luego el estilo: colores tajantes y densos, a contraluz, anticipando aquellos de un Magritte, una pincelada a su vez naíf y precisa, una composición vertical, de innovadora asimetría.

La figura humana, los animales, el decorado vegetal con despliegues fantásticos están ejecutados con la misma minuciosidad en un tratamiento uniforme. Esta mujer encanta a la Naturaleza salvaje, o, más bien, la paraliza en un extraño silencio. El universo fantástico de este lienzo anuncia el surrealismo.

Óleo sobre lienzo

Alt. 169; Anch. 189,5 cm.

©RMN (Musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski