Millet, Courbet, Carpeaux, Manet, Rodin, Renoir, Monet, Nadar, Gallé, Guimard, Van Gogh, Maillol … Todos los más relevantes pintores de la segunda mitad del siglo XIX, se citan en el museo de Orsay. En la antigua estación, transformada en museo desde 1986, las obras maestras de la pintura están rodeadas por esculturas, objetos decorativos o también fotografías, testimonios de la increíble vitalidad de la creación artística de una época que vio nacer el realismo, el impresionismo, el simbolismo, y a la vez la Secesión y el pictorialismo. Las recientes obras de renovación y de embellicimiento han logrado, además de ganar cerca de dos mil metros cuadrados, reidear por completo la presentación de esta colección única en el mundo.

Desde el amplio pasillo de esculturas, hasta la galería simbolista de la planta baja, pasando por la galería impresionista transfigurada por su iluminación y sus cimacios oscuros, luego las salas dedicadas al post-impresionismo (Van Gogh, Gauguin...), en una galería dedicada a la memoria de Françoise Cachin, primera directora del museo, acabando por la puesta de relieve única del art nouveau extranjero, y las grandes decoraciones nabis del pabellón Amont, todo el museo está por redescubrir.

Además de las colecciones permanentes, las exposiciones temporales, temáticas o retrospectivas, se suceden a lo largo de todo el año y reciben obras maestras, procedentes del mundo entero.

Durante la visita, que se puede elegir realizar solo o acompañado por un guía, o incluso con una audioguía, se puede disfrutar del suntuoso decorado del antiguo hotel de la estación, durante el momento de una comida en el restaurante del museo, o relajarse en el ambiente más contemporáneo del café, decorado por los hermanos Campana, dominado por uno de los más famosos relojes de la estación.

Existen mil formas de descubrir el museo de Orsay y cuantos motivos para acudir a él.